En busca del lugar de trabajo perfecto

Desde el Paleolítico inferior hasta el Neolítico tardío, los períodos clave de la cultura humana prehistórica toman sus nombres de los sitios de producción de herramientas antiguas.

Las culturas europea-gravetana, auriñaciana y perroniana de Châtel, por ejemplo, al igual que sus homólogas africanas, australianas y americanas, son técnicamente "industrias".

La cultura humana, en otras palabras, está literalmente definida por el lugar de trabajo.

Los Gravettianis se llaman así por la Gravette, un lugar en el suroeste de Francia antiguamente elegido como productivo, donde la gente se reunía para colaborar en un comportamiento económicamente útil: la producción de herramientas y el procesamiento de alimentos. Aunque la adopción de la agricultura hace 12 mil años supuso un cambio fundamental en el contexto en el que se desarrolla el trabajo, no hay nada nuevo en el lugar de trabajo en sí. Nos define hasta el punto de que no tenemos motivos para considerar realmente lo que es. Si queremos mejorarlo (sin, por ejemplo, abolir el propio capitalismo) tenemos que dar un difícil paso atrás para ver el lugar de trabajo en su contexto.

Es, aparentemente, simple: el lugar de trabajo es el sitio donde se trabaja. Un edificio, la mayoría de las veces, con objetos en su interior. Muebles y herramientas. Sin embargo, si miramos el lugar de trabajo más filosóficamente, podemos entenderlo como una red de personas, objetos e ideas. Y en este lugar, "trabajo" no es simplemente trabajo. Es una idea que surge de las diversas relaciones entre todo en esta red.

Tenemos un nombre para la forma en que esta red funciona y se activa: "la cultura del lugar de trabajo".

El teletrabajo está aumentando cada vez más.. Al volar menos y trabajar fuera de la oficina, más a menudo, las llamadas de conferencia cobran cada vez más importancia.

Cultura de trabajo ideal

Si consideramos una cultura de trabajo ideal, una cultura funcional, de equipo, socialmente positiva y con responsabilidad compartida, donde cada uno se entregue individualmente al trabajo centrado en lograr resultados de calidad, es sin duda indiscutible que dicha cultura debe influir inevitablemente sobre la productividad. Y la cultura del lugar de trabajo no es algo que se produzca por mera casualidad. No, existen muchos modelos, y ninguno de ellos es accidental, sino el resultado de decisiones que reflejan el idealismo, el pragmatismo, la personalidad y las metas de los individuos.

Dos conjuntos de estas relaciones son particularmente importantes: las relaciones entre los empleados y las relaciones entre los empleados y la empresa. Si tus compañeros son una de las razones por las que ir al trabajo, estás en un lugar que ha decidido premiar las relaciones entre su personal. Esta es una cultura del trabajo que fortalece la relación entre el empleado y la empresa, y hay consenso en que se trata de un buen lugar donde trabajar. No querrás marcharte a ningún otro lugar.

Si todo ello beneficia a la productividad, como así es, resulta, además, sostenible y, por decirlo de algún modo, civilizado. Una empresa que encuentra modos de cultivar una cultura de confianza, responsabilidad y empatía, y que, por medio de acciones tales como el reconocimiento de los logros y la inversión en la ampliación de la experiencia, demuestra que lo valora, ha tomado una decisión pragmática para aprovecharse de ello de forma material.

Los ejemplos clásicos los encontramos en Silicon Valley. Google encabeza consistentemente las listas de los mejores lugares donde trabajar porque valora a su gente. Si quieres pruebas, comprueba lo que dicen los trabajadores de Google acerca de cómo es trabajar allí. La excelente y popular cantina de Dropbox y el restaurante de Apple, mientras tanto, se han diseñado para que la gente pueda reunirse en ellos y charlar en aras de la colaboración y la innovación.

Ello apunta aotra relación fundamental que rige cualquier lugar de trabajo: la relación entre las personas y las cosas. La disposición del material lo es todo. Las decisiones que tomamos al respecto, nuestra concienciación básica de cómo valoramos el entorno de trabajo, envía una señal muy clara acerca de la cultura de trabajo y el respeto.

La cultura humana, en otras palabras, se ve definida de manera bastante literal por el lugar de trabajo.

Para la oficina creativa, un desierto de escritorios de planta diáfana es un lugar donde domina una única práctica de trabajo. Pero las relaciones laborales que tenemos se extienden a lo largo y ancho de todo un ecosistema de espacios: hacemos un tipo de trabajo en el escritorio, otro tipo de trabajo en la cocina y otro tipo de trabajo en la privacidad de una cabina insonorizada. Diferentes tipos de trabajo requieren diferentes tipos de atención. Los escritores no se concentran como los diseñadores. Los diseñadores no se concentran como los directores de oficina. Lo justo es identificar estas diferencias y desarrollar una cultura de oficina que se adapte al lugar, al tiempo y a las personas. En un extremo de la escala, tenemos algunas empresas que aplican normas similares a las de una silenciosa biblioteca. Mientras tanto, otras organizan guerras abiertas con balas de espuma cada día a la hora de la comida.

Sea como fuere, si tu cultura laboral se ha desarrollado sin atenerse a un diseño previo, pregúntate si actúa en tu favor. Tal vez lo haga. Pero vale la pena considerar seriamente las relaciones invisibles que existen en tu lugar de trabajo.

Si una de las relaciones clave en el lugar de trabajo es la que existe entre las personas y sus herramientas, valdrá entonces la pena disponer de las mejores herramientas.

Practicamos el teletrabajo con una asiduidad creciente. Al volar menos y trabajar fuera de la oficina más a menudo, las llamadas de conferencia cobran cada vez más importancia. En algunos modelos de oficina diáfana, los trabajadores recurren a señales no verbales para anunciar que están concentrados: por ejemplo, auriculares con cancelación de ruido activa.

Y si el objetivo es perfeccionar el lugar de trabajo, una buena forma de comenzar es dotándolo de herramientas de audio diseñadas para conectar a las personas de manera intuitiva, eficaz y con la máxima atención al detalle y la calidad. Un primer paso tan bueno como cualquier otro.